14 mayo 2007

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Han sido días terribles. ¿Cómo hacerle comprender a una gata de nueve meses que el amor de su vida no va a llegar -de momento-? Y, sobre todo, ¿como hacer para que deje de soltar pelo?
Si no fuese por los malos ratos que ha pasado la pobrecilla la experiencia hubiese acabado por ser divertida. A fin de cuentas es -casi- como revivir la propia adolescencia: las hormonas revoloteaban por el aire como semillas de diente de león. Para tratar de engañar a los eventuales gatos traicioneros y preñadores se me ocurrió camuflar a Plutón con uno de mis perfumes y he descubierto que en ella, al menos durante el celo, el perfume huele muchísimo mejor. Cosa de las feromonas, supongo.
Pero, al fin, parece que ha acabado el celo. De momento. Plutón ha adelgazado y se la ve cansada, sin muchas ganas de saltar. Como si este primer amor condenado al vacío la hubiese convertido en una adulta. Es triste condenar a un animalito a la castidad pero no me veo con fuerzas para castrarla. Tal vez en un futuro haya ocasiones para que viva un romance.
¿Por qué lo llamamos amor cuando queremos decir sexo? Al menos Plutón, después del terremoto que ha hecho añicos su etapa de cachorro, puede volver a jugar con su pelotita de cascabel, puede volver a intentar cazar moscas y a cotillear por la ventana como si nada hubiera pasado. Ojalá los humanos aprendiéramos un poquito de los animales y no tratásemos de disfrazar nuestros deseos con sentimientos que confunden a nuestro corazón.

10 mayo 2007

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¡Que calor!
Esta última noche Plutón no podía dormir, trataba de despertarme con un maullidito lastimero como para no molestar. Yo me hacía la dormida. La pobrecilla, que debe estar sufriendo su primer celo, venía hasta la cabecera de la cama y se quedaba esperando una caricia, que era correspondida de inmediato con un intenso ronroneo. Apenas me quedaba dormida, y dejaba de acariciarla, ella volvía a maullar suavemente.
Y así hemos pasado la noche. ¿Cuanto dura el celo de una gata?

06 marzo 2007

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Hoy, mientras miraba por la ventana, me he dado cuenta de que la siempreviva había florecido. Es una planta que alguien me regaló hace un par de años y a la que apenas presto atención. Casi ni me acuerdo de regalarla pero ella, en lugar de marchitarse se ha empeñado en sobrevivir. Por eso se llama siempreviva, claro está. También, creo, la llaman pampajarito.
Hace un par de semanas cuando mi hermana vino a casa le dí un trocito porque se quejaba de durezas en los pies y esta plantita es un buen callicida. El caso es que el sábado último me comentó que se dejó olvidado el trocito de planta en un cuenco y cuando fue a mirar ¡le habían salido raíces!. Sin agua, sin tierra.
Un ejemplo de coraje para tantos que simplemente nos sentamos a lamernos las heridas y nos olvidamos de seguir creciendo hacia la luz.

01 marzo 2007

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El invierno se acaba. De repente, casi a traición, los caminos se han llenado de flores. El ciruelo del corral, al que amputé gran parte del tronco enfermo hace unos meses, vuelve a cubrirse de botones verdes como un héroe de guerra condecorado. Hasta al membrillo nuevo, apenas un esbozo de árbol, le han salido dos hojítas temblorosas. A menos que el cambio climático se ofusque, si nadie tiene inconveniente ya ha llegado la primavera.
También mis estúpidas células están alborotadas y como no puedo echar hojas ni flores me limito a permanecer despierta por la noche. Cuando suena el despertador por las mañanas es como si tocasen zafarrancho de combate: tengo que luchar con la manta, con la gata que trata de frotarse con mis tobillos, con el cordón del móvil que se enreda en la mesilla...por unos momentos mis neuronas luchan frenéticamente tratando de despertarse las unas a las otras con pésimos resultados.
Las mañanitas de Abril, las mejores para dormir. ¿Y las de este Marzo recién nacido? Parece como si al microondas le hubiesen cambiado el temporizador de sitio durante la noche ¿Y dónde está el café? Mejor me olvido de la tostadora y como rebanadas tostadas de fábrica. He olvidado el zumo y el queso fresco. Demasiados requerimientos para un cerebro que trata infructuosamente de reiniciarse.
Pero ya hemos desayunado. Incluso hemos procurado que también lo hiciese Plutón. Y ahora nos quedamos escuchando a los pájaros ¿de donde habrán salido tantos pájaros a estas horas? Plutón, encaramada en el monitor, escucha fascinada. ¿Estará pensando en cómo salir a confraternizar con esos animalitos escandalosos? Seguro que a ella también le gustaría ser pájaro pero de momento se estira cuan larga es, apoya la cabecita en las patas y se duerme. Tampoco está mal ser gata. Lo peor de todo es ser humano. Y tener sueño.

19 febrero 2007

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Cuando me levanto ya está Plutón a los pies de la cama ofreciéndome su barriguita tentadora para que le rasque. Inmediatamente se pone a ronronear a toda pastilla y a unos ochenta decibelios. Debe ser el momento del día más feliz para ella. Como una constatación jubilosa de que seguimos vivas las dos.
Después, mientras ordeno un poco la casa, me sigue tratando de involucrarme en sus juegos y se sienta pacientemente mientras leo el periódico o pongo al día la agenda. Es una presencia amablemente curiosa que me vigila mientras me ducho o cocino. Cualquier observador poco atento podría pensar que su dependencia no es nada gatuna y, sin embargo, estaría muy equivocado.
Plutón es libre. Va y viene a su aire sin aceptar la más mínima obligación. Se rasca las uñas en el sofá. Aprovecha mis descuidos para hacer pis en el barreño donde recojo la ropa mojada. Si la tapa del retrete queda levantada no hay duda que beberá del inodoro con la misma ansiedad que un alcohólico reconocido. Mordisquea mis sudokus o los apuntes de mi hijo con total impunidad amparada en algún rincón oscuro. Tira delicadamente el reloj de la mesilla para comprobar si ese ruidito pertenece a algún ser vivo. Duerme la siesta sobre la parte superior del monitor y si algún incauto trata de darle un uso mas adecuado persigue el cursor con sus garras o se emociona notando la electricidad estática en su rabo.Se come las hojas de cualquier planta que encuentre menos las de la hierba gatera que compré con ese propósito. Espera el momento más interesante de la película y el más gélido de la noche para abrir la puerta con sus habilidosas manos y nos deja a todos congelados en cuestión de segundos. Aparta suavemente los visillos con la habilidad de una cotilla redomada y vigila a los vecinos como un personaje de Hitchcok, sin importarle ni poco ni mucho que los vigilados piensen que la espía es el ama y no la gata. A horas intempestivas de la madrugada siente la poderosa necesidad de comprobar con su hociquito húmedo que sí, esa es mi nariz y esa mi mejilla. No puede resistirse a un ovillo de lana ni aún en el supuesto de que ese ovillo en concreto forme parte de mis planes de hacer un chaleco. Si ve un hilo se lo comerá. Si ve una bolsa tratará de meterse dentro. Si son mis botas se frotará contra ellas hasta sacarlas brillo. Si la llamo mirará desdeñosa sin acercarse pero si salgo a la calle se pegará a la puerta y maullará desesperada con su vocecita de chantajista sentimental.
Nadie ha dicho que entender a un gato fuese fácil. A una gata es imposible.

15 febrero 2007

15

Hoy ha amanecido soleado. Y a pesar de todo podría morderle a alguien la yugular. Podría cantar, como es leyenda que hacen los españoles cuando están cabreados, pero no tengo ganas. Y es raro porque incluso en las mas abyectas desgracias me pongo a cantar como una gilipollas. Canto mal, si es que "mal" define el horror de mi voz, pero no puedo evitarlo. Me hubiese gustado ser María Callas pero me conformo con martirizar a los vecinos, entre los que se cuenta una mujer que canta muy bien pero a la que no se le oye nunca.
Hoy, de todas formas, se han librado. Y yo no he podido deshacerme de mi cabreo.
Y es que hay días que lo mejor que uno puede hacer es quedarse en la cama y taparse con las mantas hasta mejor ocasión.
Pero seguro que hay sol mañana.

05 febrero 2007

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El día está gris. A ratos llovizna. Parece que todo está quieto, detenido en el momento anterior a que algo suceda.
A veces pienso que nada de lo que haga tiene importancia. Será sólo un pequeño gesto que se borrará mas pronto que tarde.
Recuerdo otros días y comprendo que ya no me pertenecen. Son de aquella chica que fui y que ahora me resulta mas lejana que cualquiera de mis vecinas.
El universo se dilata, se contrae...como un corazón desmesurado. Sin sentimientos.