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Han sido días terribles. ¿Cómo hacerle comprender a una gata de nueve meses que el amor de su vida no va a llegar -de momento-? Y, sobre todo, ¿como hacer para que deje de soltar pelo?
Si no fuese por los malos ratos que ha pasado la pobrecilla la experiencia hubiese acabado por ser divertida. A fin de cuentas es -casi- como revivir la propia adolescencia: las hormonas revoloteaban por el aire como semillas de diente de león. Para tratar de engañar a los eventuales gatos traicioneros y preñadores se me ocurrió camuflar a Plutón con uno de mis perfumes y he descubierto que en ella, al menos durante el celo, el perfume huele muchísimo mejor. Cosa de las feromonas, supongo.
Pero, al fin, parece que ha acabado el celo. De momento. Plutón ha adelgazado y se la ve cansada, sin muchas ganas de saltar. Como si este primer amor condenado al vacío la hubiese convertido en una adulta. Es triste condenar a un animalito a la castidad pero no me veo con fuerzas para castrarla. Tal vez en un futuro haya ocasiones para que viva un romance.
¿Por qué lo llamamos amor cuando queremos decir sexo? Al menos Plutón, después del terremoto que ha hecho añicos su etapa de cachorro, puede volver a jugar con su pelotita de cascabel, puede volver a intentar cazar moscas y a cotillear por la ventana como si nada hubiera pasado. Ojalá los humanos aprendiéramos un poquito de los animales y no tratásemos de disfrazar nuestros deseos con sentimientos que confunden a nuestro corazón.
Si no fuese por los malos ratos que ha pasado la pobrecilla la experiencia hubiese acabado por ser divertida. A fin de cuentas es -casi- como revivir la propia adolescencia: las hormonas revoloteaban por el aire como semillas de diente de león. Para tratar de engañar a los eventuales gatos traicioneros y preñadores se me ocurrió camuflar a Plutón con uno de mis perfumes y he descubierto que en ella, al menos durante el celo, el perfume huele muchísimo mejor. Cosa de las feromonas, supongo.
Pero, al fin, parece que ha acabado el celo. De momento. Plutón ha adelgazado y se la ve cansada, sin muchas ganas de saltar. Como si este primer amor condenado al vacío la hubiese convertido en una adulta. Es triste condenar a un animalito a la castidad pero no me veo con fuerzas para castrarla. Tal vez en un futuro haya ocasiones para que viva un romance.
¿Por qué lo llamamos amor cuando queremos decir sexo? Al menos Plutón, después del terremoto que ha hecho añicos su etapa de cachorro, puede volver a jugar con su pelotita de cascabel, puede volver a intentar cazar moscas y a cotillear por la ventana como si nada hubiera pasado. Ojalá los humanos aprendiéramos un poquito de los animales y no tratásemos de disfrazar nuestros deseos con sentimientos que confunden a nuestro corazón.
